El ATAQUE AEREO (15 abril 1961): 

Por la mañana comienza una flotilla de viejos aparatos B-26 despega de Nicaragua rumbo a Cuba con el objetivo de destruir los aviones de Castro en el suelo. Las precauciones tomadas para encubrir el apoyo estadounidense a la acción, la inexperiencia de los pilotos cubanos y las deficiencias de los aviones conducen al fracaso de esta primera intervención en la isla: de los cincuenta y cinco aparatos de la fuerza aérea cubana sólo han sido destruidos seis. Para dar verosimilitud a la idea de que se trata de una rebelión de pilotos anticastristas, uno de ellos aterriza en Florida y solicita asilo político. Adlai Stevenson niega enérgicamente ante las Naciones Unidas cualquier intervención de su país, pero la prensa no tarda en descubrir que el supuesto disidente es en realidad un exiliado en Miami. El escándalo está servido. En todos los países se alzan voces en contra de la acción y las protestas internacionales llegan a Estados Unidos por vía diplomática y a través de los medios de comunicación social. Los consejeros del presidente le presionan para que cancele el segundo ataque aéreo, previsto para la madrugada del lunes. Visto el alcance internacional del asunto, Kennedy decide que ese segundo ataque aéreo no tenga lugar. La CIA había pronosticado que el ataque provocaría un alzamiento general, pero en realidad la mayoría de los cubanos estaba a favor de Fidel... Castro mantuvo su promesa hecha al asumir el poder: en 72 horas murieron 400 atacantes y los sobrevivientes se rindieron

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